Opinión de los clientes. Cables Zensati.

Los cables Zensati

He probado estos cables. Sí y, lo que oí…. pero no los probéis, hacedme caso. Si lo hacéis, correréis un grave riesgo. No, no se averiará vuestro equipo. Vuestro equipo seguirá siendo el mismo y eso es lo malo…

Yo fui muy cauteloso. Ya estaba avisado por mi amigo José Félix y solo los probé con una de las fuentes. Que ¿qué oí..? oí TODO; todo lo que había sido trascrito al soporte, en este caso al CD. Uno tras otro, durante aquel fin de semana, escuché la música de estos discos, “mis favoritos”, que tan bien conocía, es decir, que creía conocer. Sí, allí estaba toda la música que contenían, natural, transparente …. y “escalaba” las paredes envolviéndome y alcanzando alturas insospechadas en mi modesta sala. Los instrumentos ¡eran ellos! y reconocibles sin la menor duda. Una viola sonaba muy distinta de un violín; como en esa cantata de J.S Bach, la de bodas – la 206. Violín, viola y cello, bien separados hasta ese extremo en que cada nota ¡tan llena de música! parecía un instrumento por si misma. Ese saxo de Coleman Hawkins cuya respiración añade sonoridades imprevisibles que ponen al músico justo ahí, frente a nosotros, le podíamos tocar…. Esas guitarras de Paco de Lucía y de su hermano Ramón. Ahora sí, Paco es el que está a la derecha, por fin lo sé. Y esas voces ¡por fin sé lo que dice el papa! en … esa canción de García Lorca: “Romance Pascual de los peregrinitos”, en la voz quebradamente dulce de Carmen Linares. Nunca había sentido tan cerca a mi Doña Carmen, ni oyéndola en vivo, como en esta grabación. Es curioso que el volumen no parece controlar el caudal sonoro; antes bien, parece actuar sobre la distancia y en nuestra búsqueda de fila y butaca, el volumen nos acerca o aleja hasta acomodarnos según nuestro gusto frente al acontecimiento musical. Y asisto incansable al espectáculo de un pletórico Glenn Gould interpretando música de nuestro inevitable J.S Bach, en un espacio tridimensional que se ha ido creando entre mis pantallas. Entre las notas, puede oírse clara y distinta la respiración de Gould … ¿de Bach? y en el resquicio que dejan las oleadas de compases que diseminan a mi alrededor, una música rápida, precisa y de una dinámica insospechadamente rotunda, puede perfectamente oírse el canturreo feliz ¿de Glenn..?

No he querido probar estos cables con mi plato. He preferido afirmarme en el recuerdo de su extraordinaria musicalidad. Tampoco los he probado con mi tuner que tantas alegrías me ha venido dando; alegrías de origen tecnológico, sin duda, pero que se han acrecentado desde que ambos renunciamos a nuestro derecho a la información, decidiendo que solo aquellas noticias de estricto contenido musical tendrían cabida en este espacio que compartimos. Así que, las peores consecuencias, hasta el sacrificio, las ha sufrido mi veterana combinación digital – lector CD y convertidor separados, de distinto origen y edad – que tan buenos ratos me había dado… En fin, una experiencia amarga, no menos que frustrante.

Desconecté los Zensati, los guardé cuidadosamente para su devolución y conecté de nuevo mis muy buenos cables; tratando de animarlos ¡que no se diga, ánimo! Pero si sois tan High-Enders como los de cualquiera..! No, no había convicción en mi voz… mis cables se habían arrugado, estaban fríos y “anémicos” en fase muy preocupante… El resto del equipo no sabía qué hacer ni cómo… Decidí dar a todos y darme yo mismo unos días de reposo. “ Es un pesimismo pasajero, ya verás..” –me decía a mí mismo. Pero han pasado los días y no, no veo recuperación….

He creído oportuno hablaros de esta experiencia mía con los susodichos cables, por si os ayudara… Insisto: No los probéis, hacedme caso… bueno… claro… salvo que queráis (si podéis) quedaros con ellos. En ese caso ¡no lo dudéis! Si los habéis probado ¡no los devolváis! Sí, ésos, ésos, los de prueba …

¡qué están usados! ¡mejor que mejor..! “…Burnt-in, the more the better!” – que diría mi amigo Steve: “Quemados, cuanto más ¡mejor sonarán!”. Cables, como éstos, al contrario que las personas, no envejecen, maduran. Y, como si supieran pensar, transmiten esa emoción…. Y se me ocurre que, si verdaderamente aprendiéramos a pensar maduraríamos mientras nos hacemos viejos… ¿Difícil? – mucho, me temo…. Madurar hasta la diafanidad… como la música de esta Partita, cuyas notas no dan un paso que no renueve y fortalezca la armonía entre ellas…

Amigos, colegas, aficionados, todos, os dejo. Tengo que buscar esa tarjetita que permitía pagar en plazos a ver en cuántos y si la llamada crisis no ha metido su tijera aún

José Molina

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